lunes, julio 7

Favole (y Pierrot).

Las cosas de Dav a las 15:30:00

La siguiente historia que os transcribo a continuación es la historia de Casimir, una vieja marioneta en busca de libertad (o venganza, según se mire).
¿Por qué publico esto?
Porque Victoria Francés, su autora, joven gallega de 26 años, me ha eclipsado y se ha adentrado en mí a través de Favole, título y protagonista de su obra, y me ha hechizado. He viajado, en las calurosas noches de este verano asfixiante y extraño, que me gobierna y me posee como la sed de sangre a un vampiro desesperado de amor, a un mundo de romanticismo gótico, a la hermosa y triste ciudad de Venecia, al paraíso de la muerte, santuario del dolor y de las almas en pena, almas errantes, que no consiguen, pese a intentarlo, el descanso eterno. Porque no se está realmente muerto hasta que todo ha terminado. Porque un espíritu no está muerto, sólo ha perdido su cuerpo, y no morirá hasta haber finalizado su misión.


La historia de Favole, llena de sufrimiento, amor, venganzas, hechizos y desesperación, propia de la más hermosa alma vagante, nos relata la búsqueda de la sílfide Favole de su amo y señor vampiro, Ezequiel, en una no-muerte eterna que los posee a ambos como esclavos.

Maravillosas ilustraciones, maravillosa escritura, maravillosa obra... Victoria Francés tiene como introducción a la tercera parte de la trilogía, que poseo en mis manos con tanta ilusión como si de una superdollfie se tratase, la historia de Casimir, la marioneta, y tan hondo me ha llegado todo lo sucedido en el recorrido de Favole por el mundo que no he podido resistirme a colgar este pequeño relato corto, del cual podéis disfrutar, en pequeñas partes, mediante fotografías, en la sección Pierrot de su galería.


Clickando en su nombre, podéis visitar su web, en donde tenéis la perfecta banda sonora para esta pequeña muestra de su escritura, y para toda la trilogía del alma errante que va en busca del descanso eterno... de su amor.
Se lee despacio, sintiendo cada expresión, cada palabra, cada letra... y al son de la música de su página web.


Pierrot.
Después de la función, los hilos de Casimir pendían del techo como todas las noches, mientras su cuerpo de madera tallada se balanceaba en la oscuridad de aquella fría habitación.

Habían pasado muchos años desde que su amo comenzó a crearle las piernas, a tallar sus facciones risueñas y a confeccionar el traje de arlequín que lucía en cada una de las funciones del gran teatro de marionetas.

Tanto tiempo había pasado desde su nacimiento que comenzaba a sentir como la carcoma le perforaba lentamente el corazón y la pintura esmaltada de sus lagrimones se escamaba poco a poco hasta caer al suelo. Pero su dueño titiritero volvería a pintarle una nueva lágrima a la mañana siguiente, a repasar su sonrisa de rojo carmín y a remendar sus ropas descoloridas para que siguiera revoloteando en la tragicomedia de los teatros infantiles.

Y es que todas las noches el antiguo arlequín lucía como ningún otro títere entre las candilejas. Su éxito era tal que las risas y los aplausos de los niños le ensordecían sus oídos cada vez que bajaba el telón... pero aquella efímera alegría se tornaba tristeza cuando, al final de cada función, su cuerpo era abandonado y colgado en la oscuridad de los sótanos. Sólo las ratas oían sus lamentos.

Una noche, mientras los títeres danzaban en grupo en plena obra, una de las velas que adornaba el escenario prendió los inmensos cortinajes del teatro de marionetas. El fuego envolvió a cada uno de los titiriteros y todos los presentes en el espectáculo corrieron enloquecidos intentando encontrar la salida.

Pero aquella noche nadie consiguió salir del teatro, pues el techo cedió al ser devorado por las llamas y cayó sobre el público, aplastando sus cuerpos entre las brasas.

Todo desapareció en aquel incendio, junto a los cuerpos calcinados de las marionetas que se consumieron hasta convertirse en polvo...

Bajo la luna, el viento comenzó a soplar dulcemente y se llevó a Casimir lejos de los restos de su antigua cárcel. Sus cenizas se elevaron en un vuelo que soñó desde el mismo momento en que las manos que apresaron su vida le tallaban el corazón y le pintaban una falsa sonrisa.

Mas allá de un teatro devorado por las llamas, las cenizas de los muertos volaron en libertad, tocaron las estrellas y descendieron hacia el mar.

Victoria Francés.

3 pilladísimos han opinado sobre esta chorrada.:

_____Cantnoy._____ dijo...

Maravillosa la noche sin dormir que he pasado leyéndome estos tres libros... maravillosa.

KarEli dijo...

^^ los buskare now ;D y los leere aver que tan nice estan _lalalal saludos

Javi dijo...

Relato muy de tu estilo. Muy Cantnoy