viernes, marzo 12

Historia de un subrayador [PARTE II]. (Basado en hechos reales)

Las cosas de Dav a las 16:14:00

En mi andar por el aulario del pasillo interminable, no pude menos que dejarme llevar por la tensión que se respiraba en el ambiente. Apenas entrar me percaté de la presencia silenciosa de un muchacho, delgado y de blanco, que miraba al suelo sentado en un banco. Sólo. Sin más compañía que la de sus meros apuntes. Este chico tiene aspecto de estar pilladísimo, pensé, seguro que lee mi blog, jajajaja… y sin más dilación, lo dejé en su mundo y me crucé con otras dos chicas que hablaban elocuentemente entre ellas con sus hojas repletas de texto cayéndoseles de las manos, que también estaban sentadas en otro de los bancos que decoraban las paredes de aquel pasillo interminable. Ellas me ignoraron. Yo las ignoré. Así es la vida del estudiante. No puedes tener en cuenta a todas las personas que se cruzan en ella: son demasiadas, y no puedes abarcarlas todas.

Llegué finalmente a la fotocopiadora donde el simpático matrimonio debía de estar esperando su clientela del día. Sin embargo, y a pesar de que faltaba poco para la hora punta y debían de estar haciéndose de oro fotocopiando exámenes clandestinos de otros años, no oía a nadie conforme me acercaba. Cuando llegué, temerosa de que hubieran cerrado y no pudiese conseguir un subrayador amarillo, me percaté de que el tablón lleno de anuncios de pisos que se alquilan, conciertos de grupos conocidos únicamente por amigos y familiares de los miembros y demás carteles propagandísticos estaba completamente vacío. Por primera vez, desde que comencé la carrera, aquel tablón en el que uno podía entretenerse mientras hacía las interminables colas para fotocopiar había sido despojado de toda su magnificencia. Ahora sólo era un pedazo de corcho con chinchetas. No había nada más. Aquello era cuestión de crueldad: era sólo necesario un poco de tiempo para que los alumnos comenzaran a irse desesperados al no resistir las horribles colas de media hora para terminar pagando 7 euros por un pequeño taco de folios llenos de anotaciones de los profesores que no se ven bien y que nadie se estudiaría. Pero bueno. Al menos no todo era malo. ¡No desesperemos! El silencio estaba justificado: sólo había una persona y ya la estaban atendiendo. Ya la estaban atendiendo… Maldita sea, necesito ese subrayador ya.

Sin embargo, aquella chica se estaba entreteniendo demasiado: llevaba ya 10 minutos y no terminaba. Llevaba ya 15 minutos y no terminaba. Llevaba ya 20… y no terminaba. Llevaba ya 25 MINUTOS y no se iba de allí. Y sin un puñetero cartel en el tablón con el que entretenerme. ¿Por qué me pasa esto a mí? Qué asco de vida.

Pero finalmente, tras una larga media hora (30 minutos, sí, 30 MINUTOS que se tiró la niña para hacerse las dichosas fotocopias) llegó mi turno. ¿Y qué fue lo primero que buscó mi persona cuando se acercó a la ventanilla? Los botes donde estaban todos los subrayadores, bolígrafos, typex y demás parafernalia estudiantil, encontrando que sólo había botes vacíos. Probablemente acabasen de traer la partida nueva y todavía no los hubiesen puesto. Claro, eso era lo que pasaba. Seguro que todo estaba bien.

Y se lo pedí a la mujer, rubia, de ojos azules, ya entrada en sus 40, con barriguita de 3 niños y la piel de una ama de casa responsable y cariñosa, pero agradable de ver y oír. Y la mujer me dijo:


- No, no nos queda ninguno.

Sentí que caía por un pozo sin fondo.

Sin embargo, aquella mujer fue benevolente conmigo. Había visto mi cara de horror, sabía que lo necesitaba, y que era algo de vida o de muerte. Así que me dijo “espera” y bajó las manos por la parte del mostrador que estaba debajo de la ventanilla. Esa que no podemos nunca ver, pero que sabemos que existe, siempre está ahí.

Y sacó uno.

Y era amarillo.

Y lo miré con incredulidad.

- Mis hijos a veces me los cogen y se los llevan a casa, les gusta pintar las paredes con ellos y lo rayan todo, pero cogen tantos que algunos ya se quedan aquí porque allí no caben – y me lo tendió en la mano.


La miré como a la mujer más maravillosa del mundo. Saqué, feliz mi cartera y le pregunté cuánto dinero le daba. No sabía si me lo rebajaría porque ya estaba empezado, pero lo cierto es que me daba igual. Le daría lo que fuera. Lo quería, lo necesitaba, tenía que ser mío y después de tal susto estaba ahí, tan cerca…

Pero no me aceptó un céntimo.

Me lo regaló, y yo lo cogí, estupefacta. Y le di las gracias. Y me fui. Y mientras me daba la vuelta, comenzó a sonar una melodía en mi cabeza.

Y con esta alegría que rezumaba mi alma retrocedí por donde había venido, dando saltitos y sonriendo por los pasillos del aulario interminable con las paredes de ventanales que en realidad eran puertas de vidrio pero que nunca se abrían y que hoy sí estaban abiertas.

Pero algo me hico frenar mi caminar…

Unos hombres de uniforme con cruces rojas a las espaldas estaban en el pasillo, en un banco, justo donde el chico con cara de pilladísimo había cruzado su mirada conmigo hacía media hora. Y al acercarme presté atención. Puede que necesitasen ayuda. Algo no iba bien. Aquella cara de pilladísimo… no era por leer mi blog. Le pasaba algo.

Y efectivamente, así era. El muchacho había sufrido algún tipo de ataque, probablemente de ansiedad, y estaban tumbándolo y tomándole datos. Estaba pálido y alguien salió a buscar una camilla. Las chicas que había visto anteriormente habían mirado un poco lo que sucedía, pero su interés se había desavenido rápidamente y habían vuelto la vista de nuevo a su elocuente conversación y sus apuntes.

Los exámenes trastornan a la gente, recuerdo que pensé.

Pero yo nada tenía que hacer allí, más que dejarme llevar por mi faceta más maruja y quedarme a cotillear. Por suerte, no lo hice ni lo haré nunca, yo no soy así.

Así que volví a salir por mi puerta tan alegremente codiciada y atravesada, y retomé mi camino hasta la biblioteca. Y subí, y entré, y alcancé mi sitio.

Y allí estaban todos mis libros, esperando el momento ansiado.

Y allí estaba yo, dispuesta a vivirlo.

Me acomodé. Cogí el subrayador. Lo destapé. Lo olí. Delicioso olor… y subrayé. Sublime sonido el de la tinta dejándose caer sobre el texto. Ese color… El tono difería un poco del amarillo que yo llevaba, pero había superado el bache y había conseguido un nuevo subrayador. Efectivamente, ahora tenía otro para mi colección, y podría seguir subrayando sin renovarme durante un tiempo más. Además, por atravesar la puerta del aulario había merecido la pena, y aunque entre una cosa y otra había perdido dos horas de mañana, lo cierto es que ahora todo saldría a pedir de boca.

Finalmente me estudié lo que quería ese día, con un paseo y algunas sorpresas incluidas. Sin duda, me había sentado bien salir de mi habitación. Sin duda, lo volvería a repetir. Sin duda, tenía un nuevo subrayador. Sin duda… ahora era feliz.



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Pilladísimos, y esta es la historia de un día cualquiera de mi vida.

Adoro los productos de papelería. Me encanta comprarme todo tipo de cosas de escritura y dibujo, de muchos colores, grosores y marcas, es una de las pocas cosas en las que me declaro una compradora compulsiva.

Lo cierto es que ya he terminado los exámenes, y he puesto un anuncio para dar clases particulares a estudiantes de secundaria por la ciudad de Murcia. Mi intención es ahorrar para comprarme un portátil y poder llenarlo de series, música, películas, de descargas de los SIMS 2 (los 3 no deberían haberlos sacado nunca) y para jugar a WoW, además de tener todos mis trabajos organizados y poder estudiarme las diapositivas sin gastarme un pastón en imprimirlas porque tendría siempre la pantalla delante para estudiar. Y, además de todas esas cosas, para escribir, para jugar con el photoshop, al que me he vuelto una aficionada no hace mucho… y para publicar, dejar plasmado en el ordenador lo que se me pase por la cabeza en cualquier momento, y luego mostrarlo a quien quiera leerlo en este nuestro rincón.

Hecho de menos mi época dorada de publicación. Os doy las gracias por no haberos olvidado de mí y continuar siguiendo este blog y leyéndome. Para mí, eso es lo más importante.

Un saludo muy grande.

Pilladísimos!

2 pilladísimos han opinado sobre esta chorrada.:

Verdix dijo...

Friki!!
Lo que más me ha gustado sin duda es la descripción del uso del subrayador nuevo xDDDD

NO! No caigas en el mundo-wow!!! Por favor!!!

Te leeremos siempre, pero escribe, escribe más, por favor. ^^

Cantnoy dijo...

ya estoy! he vuelto! maldita sea! y me quedo! me he dado un paseo vigilando blogs que estaban sin actualizar o poco actualizados, me cago en la mar, hay que retomar las vidas bloggeras, diablos! no podemos dejar que esta sana costumbre se pierda!

y lo del subrayador.... diablos, es que a mi esas cosas me gustan mucho.. Tanto así que mi madre me renego ayer por desperdiciar el dinero en subrayar a la vez con cuatro colores en vez de tener un solo subrayador por todo xD